Sobre el recorte de un periódico, en la voz emitida por una radio, en alguna parafernalia musical y en los que pretendemos escribir. Allí surgirán los réquiem y los llantos; quién sabe, incluso alguno se atreverá a proferir la exclamación de sorpresa, y otro caerá en el romanticismo absurdo que venera la decadencia y la autodestrucción como el último respiro de libertad que queda al hombre. Es igual. Muere la mujer y su voz y su canto. Muere apedreada por los que pagaban para verla y no se satisfacían con lo que daba de sí un cuerpo enfermo, sintiéndose estafados, engañados, sin comprender que sus abucheos eran inútiles. Un cadáver no escucha nada, pero sólo lo creerán ahora que su discográfica afirma que eso es todo lo que queda, un despojo en una bolsa de plástico. Yo me consuelo. Sé que en algún lugar se ríe a carcajadas.
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