domingo, 13 de noviembre de 2011
No se pueden elegir las lealtades, no podemos elegir a quien queremos y quien es imprescindible. Sea lo que sea que nos empuja a ello, todo el halo de fatalidad de la vida está en unos lazos invisibles que luchamos por conservar. A pesar del tiempo. De la distancia. De las ausencias, en realidad imposturas. Cada día que hemos vivido es un color, una música, un aroma. Somos un crisol de recuerdos, luces y sombras. Todo lo que nos queda es esperar a volver a encontrarnos, por empedrado que haya sido el camino. Saber que alguien aguarda y ha llorado por nosotros. Que los pensamientos se cruzan y adhieren entre carreteras o tierra húmeda. Las lealtades. La amistad es un sentimiento que se posa en el alma como el rocío a la flor de la mañana.
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